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Diplomas de formación bonificada: lo que exige FUNDAE y lo que te puede costar no cumplirlo

Héctor Martínez González5 min de lectura

Si tu centro imparte formación bonificada para empresas, ya sabes que el curso no termina cuando el alumno hace el último ejercicio. Termina cuando ese alumno tiene en sus manos un diploma correcto, firmado, sellado y entregado dentro de plazo. Y esa última parte es la que más quebraderos de cabeza da a academias y centros de formación en España, precisamente porque suele gestionarse a mano, con prisas, al final de cada grupo.

FUNDAE es la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo, el organismo público que gestiona la formación bonificada en España, esa que las empresas financian con su crédito de formación a través de las cuotas de la Seguridad Social. En 2024, según los datos que publica la propia FUNDAE, 347.442 empresas realizaron formación bonificada para sus trabajadores, con 5.824.016 participantes en formación programada. Detrás de cada una de esas empresas hay, muchas veces, un centro de formación que ha impartido el curso y que tiene la obligación de emitir un diploma o certificado por cada alumno. Multiplica eso por los grupos que gestiona un centro mediano al año y entenderás por qué esto deja de ser un detalle y pasa a ser un proceso que puede salir caro si se hace mal.

Qué tiene que incluir el diploma (y no es opcional)

FUNDAE no deja el contenido del diploma a criterio de cada centro. El documento debe recoger, como mínimo:

  • La denominación exacta de la acción formativa.
  • Una descripción de los contenidos impartidos.
  • La modalidad (presencial, teleformación o mixta).
  • La duración total en horas lectivas.
  • Las fechas de inicio y fin del curso.

Además, tiene que estar firmado por un responsable autorizado, sellado por la entidad que imparte la formación y fechado. Un diploma sin alguno de estos elementos no vale como justificante, por bonito que quede en PDF.

Diploma o certificado de asistencia: no es lo mismo

Hay dos documentos distintos según el resultado del alumno. Quien supera la evaluación recibe un diploma. Quien no llega al criterio de evaluación pero sí ha cumplido con la asistencia recibe un certificado de asistencia o participación. Es un matiz pequeño, pero si tu centro genera estos documentos a mano, es fácil que alguien reciba el que no le corresponde, sobre todo cuando hay varios grupos cerrando el mismo mes.

El plazo de dos meses que muchos centros descuidan

Aquí está el dato que más sorprende a quien no lo conoce: el diploma o certificado debe expedirse en un plazo máximo de dos meses desde la fecha de finalización del curso. No es una recomendación, es un requisito de la justificación de la bonificación.

El método de entrega es flexible (en mano, correo postal, email o descarga desde una plataforma), pero en todos los casos hay que poder demostrar que el alumno lo recibió: un acuse de recibo, una confirmación de descarga, un registro de envío. Si no puedes acreditarlo, es como si no lo hubieras entregado.

Qué pasa si algo falla

Esto es lo que convierte la gestión de diplomas en algo más que una tarea administrativa. Si un diploma llega tarde, le faltan datos o no se puede demostrar que se entregó, la consecuencia no es una simple llamada de atención: puede suponer la anulación del grupo formativo y la devolución de la bonificación aplicada por la empresa. Es decir, el centro (o la empresa) puede acabar devolviendo dinero por un problema que, en el fondo, era de gestión de documentos.

A eso se suma el control de asistencia, obligatorio en todas las modalidades: el alumno debe completar al menos el 75% de las horas del curso para que su formación sea bonificable. Y toda esta documentación (registros de asistencia, evaluaciones, diplomas) hay que conservarla durante los cuatro años siguientes a la finalización del curso, por si hay una inspección.

Por qué la gestión manual se convierte en un riesgo

Cuando un centro imparte dos o tres cursos al año, hacer los diplomas a mano en Word o Canva es tedioso, pero manejable. El problema aparece cuando se multiplican los grupos, las empresas cliente y los alumnos: ahí es donde se cuelan los errores de nombre, las fechas mal copiadas, los diplomas que se generan tarde porque nadie se acordó, o los que se envían pero nadie guarda constancia de la entrega.

No es un problema de falta de cuidado. Es que hacer bien, uno por uno, cientos de documentos con datos que tienen que coincidir con exactitud (nombre del curso, horas, fechas, modalidad) no es una tarea que deba depender de que una persona no se equivoque un viernes por la tarde.

Automatizar esta parte tiene sentido

Generar los diplomas a partir de una plantilla y una lista de alumnos, con los mismos datos del curso volcados automáticamente en cada documento, elimina buena parte de ese riesgo: no hay transcripción manual, no hay campos que se olvidan y los lotes completos de un grupo se generan en minutos en lugar de en una tarde. Y si además queda un registro de cuándo se generó y se envió cada diploma, tienes justo la trazabilidad que puede pedirte una inspección de FUNDAE.

En Diplomara puedes crear la plantilla de tu centro una sola vez y generar todos los diplomas de un grupo (o de varios cursos a la vez) en lotes listos para descargar o imprimir, con los datos de cada alumno volcados automáticamente. Si gestionas formación bonificada, entra en https://app.diplomara.com y prueba a generar el próximo lote de diplomas antes de que se te eche encima el plazo de los dos meses.

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